¿Todavía no eres practicante zen?
 

 


Querido amigo o amiga :


T
e has identificado como no practicante zen, ¿verdad?
Bien. Partamos de esa posición.

Seguramente habrás entrado en este portal por motivos relacionados con tu inquietud personal.

Quizás hayas escuchado la palabra "zen" en entornos estéticos, de cultura japonesa o filosóficos.

Quizás personas afines a ti te hayan hablado de características del zen y hayan despertado tu curiosidad.

Quizás estés practicando actividades corporales como yoga, taichi o cualquier nuevo tipo de concentración o meditación, de un modo u otro semejantes al zen.

Quizás te haya caido un libro en tus manos hablando del zen, de sus principios, actitudes, téccnica... Y ahora tengas curiosidad de comprobarlo por Internet.

Quizás nada de lo que te haya dicho responda a la explicación de por què estás "aquí y ahora" y por qué has pulsado ese botón de la portada.

 

 

 

 

 

 

Bien demos por supuesto que no has practicado zen todavía.

Voy a introducirte en el zen "indirectamente". Quisiera que experimentaras y que vivieras antes que comprendieras.
Vamos a ver.
Te propongo que realicemos un ejercicio.
Algo práctico, si no, no vale.

 

 

Mira, búscate un cuarto donde puedas estar solo.
Coge una manta y dóblala varias veces en el suelo. Es para apoyar los pies.
Búscate un cojín cualquiera, un poco espeso o que permita plegarlo para subirlo del suelo.
No te preocupes, vale cualquier cosa.

 



 

Coge también un despertador.
Señala 1/2 hora para el toque de alarma y ... siéntate en esa posición de loto, pero como puedas. Intenta que las rodillas te toquen al suelo, pero sólo inténtalo. Siéntate como puedas.

 

Sólo tienes que vigilar que tu espalda quede muy recta y los ojos esten abiertos. Las manos ciérralas, una sobre la otra dejándolas caer en tu regazo.
Quédate en silencio
. Y no te muevas.

 


Escucha todo lo que se manifiesta a tu alrededor: los ruidos de la circulación, el canto de los pájaros, las personas que van y vienen o cualquier otra cosa. No importa.
Simplemente ensaya estar atento y alerta.
Si no hay ruidos, escucha el silencio.
Y no te muevas, aunque te duela algo un poquito, te sientas incómodo o te pique el lóbulo de la oreja derecha.
No te muevas.

 

 

 

Si te esfuerzas en hacer este ejercicio de escucha incondicional, descubrirás un cierto número de cosas relacionadas con la conciencia y la atención.
Pero quizás compruebes, me lo temo, que no seas capaz de alcanzar esa media hora.
Y quizás, lo más probable es que no puedas estar atento mas que algunos minutos, no más de diez....¿ No puedes ?

 

 

Y encima en zen se practican dos sesiones de 30 minutos con una pequeña pausa entre ellas. INCREIBLE . ¡Yo no puedo!

 

 

 

Me puedes responder que tú eres un poco nervioso y no eres capaz de estar quieto ni aunque te lo propongas.
Que eso de estar tanto tiempo inmovil no es para ti.
Vamos, que te es imposible, que eso es para personas tranquilas o para japoneses o para personas especiales o superhombres orientales.
Pero que contigo no va. Tú no puedes. Has comprobado que no eres capaz.

 

 

Porque es que :
* las articulaciones de las rodillas a mí no se me doblan bien.
* tengo mucho dolor.
* yo ya soy un poco mayor.
* no tengo flexibilidad.
* me entra ansia y "me es imposible dejar de moverme; imposible".
* tengo problemas con mi espalda.
* estoy todo tenso.
* no me puedo relajar.
* tengo ansiedad y a mi me resultaría imposible soportar tanto tiempo quieto.
* yo no me controlo... ,quiero controlarme , pero no puedo, necesito moverme.
* yo ...
* yo ...
* yo ...

 

 

 

 

¿Realmente crees que es verdad, eso que dices?
¿Los que practicamos zen somos por naturaleza tranquilos? ¿Hemos sido capaces siempre de practicar con facilidad? ¿Disponiamos de innatos dones para sentarnos con inmovilidad?

Me parece que no.

 

O es que , queramos o no queramos, ¿todos hemos de pasar por eso mismo que tú acabas de experimentar?

Esa sensación de imposibilidad de mantener la inmovilidad tanto tiempo y la sensación de estar haciéndolo mal.

Y de que no sintamos especialmente nada después de una sesión de zen.

 




El zen consiste en meditar y calmar el espíritu en posición sentada. Es una técnica milenaria, desde el 600 d.J.C, que se instaló en China.
¿Cómo es posible que haya durado hasta hoy sin apenas cambios?
Esa resistencia al paso del tiempo nos da una íntima sensación de confianza en su valor.

 

 

 

Zen es zazen ( za, sentarse; zen, concentración). Pero para practicar zan es conveniente respetar las costumbres y usos que lo envuelven. Las campanas, la atmósfera de la sala de meditación, los gestos... Todo eso propicia que sea mucho más fácil poder resistir la inmovilidad. Es muy importante realizar zen con los demás. Muy importante. El grupo de los practicantes otorga una fuerza invisible capaz de incitarte a ir más allá de lo que tú podrías pensar en llegar.

 

 

 

Zazen es un formidable antídoto contra el estrés.
Una herramienta para sacudir nuestros viejos hábitos estáticos y productores de sufrimiento.
Una forma de ver el mundo y de enfrentarse a él que nos ayuda en la superviviencia psicológica. El zen te conduce a la libertad interior. Aclara las cosas porque se va obteniendo un nuevo tipo de conciencia, menos racional, más corporal.

Pero nadie puede hacer zen por ti.

 

Zen sólo es práctica. Nadie va a hacer zen hablando; sólo vale practicar. Así ha sido siempre. El zen rehuye y desconfia de las palabras. Sólo la acción vale. Hay que entrar en un grupo. Si practicas zen probablemente irás mucho más allá de tus límites actuales. Si tienes inquietud... si no encuentras solución... si la desorientación te angustia ... y no consigues comprender ni entender el mundo ...ensaya zen.
   
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